Cuando el Barón de Coubertin, Pierre de Frédy, reinventó los Juegos Olímpicos en 1894 para alcanzar la perfección espiritual por medio del deporte, no se debió imaginar en lo que se convertiría años más tarde. En la actualidad, las Olimpiadas, como las de Londres 2012 que hoy se inauguran, tienen tanto o más de economía y política que de deporte. Cada cuatro años, el acontecimiento deportivo más visto (4’5 billones de telespectadores y en esta edición otros tantos a través de Internet) encubre todo un cruce de intereses y un enorme negocio que mueve miles de millones. Desde la ciudad/país que los organiza, las empresas constructoras, el Comité Olímpico Internacional y los comités organizadores hasta los patrocinadores globales, los medios de comunicación y los propios deportistas, que por ganar una medalla obtienen una recompensa económica por parte de sus correspondientes países.

“Citius, altius, fortius” (más alto, más rápido, más fuerte) es el lema y el espíritu de las Olimpiadas. Quizás hoy debería actualizarse con otra palabra más: “pecunia” (dinero). El presupuesto inicial que presentó la candidatura de Londres en 2005 era de 2.350 millones de libras esterlinas (3.700 M$). Sin embargo, esa previsión no tardó mucho en incumplirse y ya se ha superado con creces. Hugg Robertson, ministro de Deporte británico, anunciaba recientemente que el gasto final ascendía a 9.300 millones de libras, mientras una investigación de SkySports hinchaba aún más la cifra (entre 12.000 y 24.000 millones).

 

Por Janira Gómez y David Muñoz

“El olimpismo es una filosofía de vida (…) cuyo objetivo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del hombre, con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana”

Esto es lo que dicen los principios fundamentales 2 y 3 de la Carta Olímpica, el documento fundador del Movimiento Olímpico. El primero explica quién refundó (con el permiso de la Antigua Grecia) esta unión entre deporte, cuerpo y espíritu. Fue el Barón Pierre de Coubertin (década 1890), pedagogo e historiador francés partidario del cristianismo muscular. La idea de Coubertin era reunir a deportistas de todo el mundo para que compitieran por competir, sin ánimo de lucro y con un único fin: participar. Tras sortear muchos obstáculos, con la celebración del Congreso Internacional de Educación Física de la Sorbona de París en 1894 y la organización de las Olimpiadas de Atenas 1896, su sueño se hizo realidad. Habían nacido los Juegos Olímpicos Modernos, hijos lejanos de aquellos juegos heroicos y religiosos celebrados en Olimpia, la Antigua Grecia (s. VIII a.C – IV d.C), en honor a los dioses.

Desde entonces, cada cuatro años (con tres parones en 1916, 1940 y 1944 debido a las Guerras Mundiales) se celebra este macroacontecimiento deportivo organizado por el Comité Olímpico Internacional (COI), el cual también fue creado en 1894. Con el paso del tiempo, ese objetivo inicial de los Juegos se ha ido erosionando y ha ido incorporando otros valores: la cultura, el dinero, el negocio y la política. Porque el deporte parece ser ya lo de menos. Hay demasiados intereses y preocupaciones de por medio: la seguridad, la financiación, la puesta en marcha de las sedes, las condiciones que imponen los que pagan, la obsesión por el legado olímpico… Buen ejemplo de ello es Londres 2012. La capital de Gran Bretaña organiza por tercera vez unas Olimpiadas, ya lo hizo en 1908 y 1948, en medio de la profunda crisis económica que reina en Europa. Su gran objetivo, como Barcelona 92, es modernizar la ciudad y dar un empuje a las nuevas generaciones para salir a flote. Estimular la economía y el turismo del país para generar confianza.Y para ello, los países anfitriones no dudan en gastar extraordinarias cantidades de dinero.

Lo que cuesta organizar unos Juegos Olímpicos

Es el acontecimiento deportivo más grande, reúne a miles de personas en la ciudad dónde se celebra (deportistas, periodistas, trabajadores, voluntarios…) y mantiene pendiente del televisor (y demás pantallas) a otros 4.500 millones de telespectadores alrededor del mundo durante las dos o tres semanas que dura. Por ello los Juegos Olímpicos actuales cuestan muchísimo dinero, quizás demasiado. Transporte, seguridad, infraestructuras, premios. Todo suma hasta llegar a cifras billonarias. Las Olimpiadas de Pekín 2008 costaron 40.000 millones de dólares. Las de Londres 2012 algo menos: los datos más o menos actualizados apuntan a un gasto de entre 9.000 y 24.000 millones de libras (entre 14.700 y 37.000 millones de dólares), aunque el presupuesto inicial rondaba los 2.350 millones de libras.

Como en toda inversión, parte del dinero es público (impuestos de los ciudadanos londinenses, de Olympic Delivery Authority [ODA] y de la National Lottery) y otra parte es privado (London 2012 Organising Comitee [LOCOG], patrocinadores, inversores privados, etc.). En esta edición, ODA es el organismo público encargado de desarrollar y construir las nuevas sedes e infraestructuras para albergar los Juegos, mientras que el LOCOG se ocupa de prepararlos y ponerlos en marcha. A parte de todas estas instituciones organizadoras existen otros actores conocidos como los stakeholders –“partes interesadas”– entre los cuales se encuentra la British Olympic Association, el Departamento de Cultura, Medios y Deporte inglés o el Alcalde de Londres, Boris Johnson. Todo ellos se mueven bajo el paraguas del Comité Olímpico Internacional, encargado de organizarlo todo y decidir qué candidatura ha de albergar los Juegos.

Patrocinadores, quien paga manda 

Dentro del pack de las Olimpiadas siempre vienen los patrocinadores, esas multinacionales que pueden pagar una millonada para que su marca aparezca en la villa Olímpica, en las televisiones, en los partidos de futbol y en todos los rincones de la ciudad. Hay diferentes niveles de patrocinio. Existen los sponsors globales (McDonald’s, Coca-Cola, Samsung, Panasonic, Visa, Omega…) que acompañan siempre a los Juegos Olímpicos independientemente de dónde se celebren y, además de pagar bastante (en esta edición 50 millones de dólares cada uno), tienen el monopolio sobre su ámbito de negocio. Es decir, que Omega se encarga de los marcadores de las competiciones; Samsung hace lo propio con las tecnologías Wireless y las pantallas, VISA con los pagos mediante tarjeta de crédito o débito, Coca-Cola con los refrescos o McDonald’s con la comida rápida.

Quién paga obtiene el dominio y por ello los patrocinadores establecen restricciones que rozan la comicidad: por ejemplo, dentro de la Villa Olímpica a quién le apetezca comer patatas fritas sólo podrá adquirirlas en un McDonald’s, el patrocinador y proveedor oficial de fast food. El barón Frédy imaginaba que los Juegos debían servir para fomentar el deporte, la vida sana y combatir el sedentarismo; sin embargo, la receta actual es la comida rápida, una de las causas de obesidad más claras, precisamente en Londres y en Reino Unido (17%).

Por debajo de los sponsors globales están los patrocinadores exclusivos de Londres 2012: Adidas, BMW, British Petroleum (BP), entre otros supporters y proveedores, que también pagan cantidades millonarias pero inferiores. Sin la inyección de dinero que aportan estas compañías, las Olimpiadas actuales (tal y como están planteadas), no serían posibles, lo cual provoca que la relación de dependencia de la Organización con dichos patrocinadores sea excesivamente alta y hasta preocupante. Las globalizadas chips de McDonald’s no son las únicas en demostrarlo. También está vetado el uso por parte de empresas privadas de cualquier palabra, logotipo o lema que pueda asociarse a las Olimpiadas durante la celebración de las mismas. Como también lo está el pago mediante cualquier tarjeta de crédito que no sea VISA.

335.000 libras para “una fila de piedras sobre palos”

La caótica y arrebatadora crisis que rodea Europa ha colocado la austeridad en la conciencia de todos los ciudadanos que la forman. Es por ello que según qué gastos de los Juegos de Londres 2012 parecen difíciles de comprender. La escultura Jurassic Stone es el caso paradigmático. 335.000 libras invertidas en esta obra de Richard Harris cuya funcionalidad es prácticamente nula y a la cual muchos londinenses describen como “la fila de piedras sobre palos”. Unas cuantas libras más, 400.000 exactamente, es el precio que la organización de los Juegos ha pagado a Wolff Olins, creador del logotipo oficial. No obstante, el mayor gasto siempre se destina a la inauguración de los Juegos. En esta edición, que corre a cargo del director de cine Danny Boyle, el espectáculo estaba presupuestado en 40 millones de libras pero finalmente costará el doble, por deseo expreso del primer ministro David Cameron.

Cuando en 2005 el Comité Olímpico Internacional eligió la candidatura de Londres 2012, la ciudad no contaba con las sedes suficientes para albergar los juegos. Por eso se han tenido que construir muchas infraestructuras desde cero que han supuesto una elevada inversión. Una muestra de ello son el Olympic Stadium (485 millones de libras) o el Aquatic Center (269 millones de libras).  Como también se ha tenido que alzar la Villa Olímpica en el barrio de Stratford (zona este de Londres), que ha absorbido gran parte del presupuesto general inicial pero que también ha permitido dar un empujón al sector de la construcción de Gran Bretaña.

¿Qué será de toda esta construcción después del 9 de setiembre, cuando finalicen los Juegos Paralímpicos? En Atenas 2004 se construyeron 24 pabellones deportivos. A día de hoy 20 de ellos están abandonados. La ciudad de Montreal tardó más de 30 años en pagar 6.000 millones de dólares por los juegos que celebró en 1976. Todas las instalaciones que tuvo que construir ahora están inutilizadas. En Londres parece ser que se dará un uso más razonable a toda esta edificación después de las Olimpiadas y que favorecerá en mayor o menor medida a los londinenses. De momento ya han servido para reactivar una zona empobrecida, la de Stratford, dónde se ha alzado el parque Olímpico, que engloba el estadio, el centro acuático y la Villa Olímpica. 

Como en cada edición de los juegos, las medallas olímpicas son otras de las protagonistas de este evento. Para Londres 2012 se han elaborado 4.700 medallas diseñadas por David Watkins que llevarán grabadas a Niké, diosa de la victoria. Pero al margen de éstas, los deportistas galardonados recibirán una prima del comité del país al que representan. Azerbaiyán y Armenia, por ejemplo, son los países que mayor recompensa económica darán a los deportistas que consigan una medalla de oro, 640.000 y 700.000 euros respectivamente; a diferencia de Corea del Sur que sólo otorgará 240. Curiosamente, quien no brindará con una prima a sus medallistas será Gran Bretaña, el país anfitrión, ya que esta compensación la recibirá cada deportista según el contrato publicitario que tenga. Tampoco lo hará Alemania que sólo aumentará las becas de sus deportistas. Lejos de esta decisión se encuentra el Comité Olímpico Español que pagará por alcanzar el mayor puesto en el podio 94.000 euros, por la medalla de plata 48.000 y por la de bronce 30.000.

Beneficios y perjuicios para Londres 

Si hablamos de las Olimpiadas con el marco económico entre ceja y ceja no podemos olvidarnos de los beneficios y los perjuicios que puede acarrear la celebración de los Juegos para una ciudad. Londres 2012 servirá para impulsar el turismo y la economía, para crear puestos de trabajo, para reconstruir zonas de la ciudad degeneradas y, por supuesto, para fomentar el deporte en una sociedad con un notable porcentaje de sedentarismo y obesidad. O al menos esa es la opinión de los gobiernos impulsores, los cuales están convencidos de que arrojarán importantes beneficios tanto para la economía del país como para los ciudadanos.

Sin embargo, estos juegos también suponen un gasto elevadísimo en los tiempos que corren (pagado en gran medida con el bolsillo de los londinenses), un stock de infraestructuras y un caos en la ciudad que a pocos ciudadanos de Londres gustará. Justamente, la Oficina Nacional de Auditoría (NOA) advirtió el pasado diciembre que una duplicación de los costos de seguridad, como la que han acabado haciendo, significaría caer en el riesgo real de obtener más beneficios de los contribuyentes ingleses. Y es que es a ellos es a quién más puede afectar los Juegos porque el transporte público no será igual de fluido, los comercios subirán los precios y hasta las viviendas de Stratford se volverán un 10% más caras. Cabe mencionar que es en esta zona donde se localizan los distritos de Greenwich, Hackney y WalthamForest, considerados barrios muy desfavorecidos.

Legado Olímpico: 14 billones de libras de ganancias y 4’6 millones de visitantes más entre 2012 y 2015

La excesiva inversión que se lleva a cabo en unas Olimpiadas se justifica normalmente con el mismo argumento: el legado olímpico. Es decir, el impacto económico y social a largo plazo sobre la ciudad tras el paso de los Juegos Olímpicos. Los responsables del legado olímpico de Londres (London Legacy) afirmaban a mediados de este mes que desde el final de los Paralímpicos en setiembre hasta 2016, las perspectivas de ganancias son de 14.000 millones de libras. “El legado de una Olimpiada es muy importante y estoy convencido de que Londres 2012 será un éxito y servirá para que el Reino Unido demuestre de qué es capaz”, añadía Allan Colins, director ejecutivo de London Legacy.

Varias compañías ya han dado también su análisis sobre la proyección económica de Londres 2012. Visa Europe (patrocinador oficial) pronostica que en el Reino Unido se inyectarán cerca de 6 mil millones de euros hasta 2015, sólo por el mayor gasto de los consumidores durante las olimpiadas. London &Partners, por su parteavanza que los Juegos Olímpicos serán un polo que atraerá alrededor de un millón de turistas más por año, hasta el 2017 a la capital inglesa.

Según Sandie Dave, responsable de VisistBritain (Oficina de Turismo Británica), aspiran a atraer a 4’6 millones de visitantes más entre 2012 y 2015. Son datos favorables, mas deberán contrastarse una vez hayan finalizado los Juegos y empiece el legado olímpico. No obstante, si bien los costos son fáciles de medir, los beneficios siempre son complicados de estimar.

En el mejor de los casos, este impacto será positivo (beneficioso) porque generará riqueza, puestos de trabajo, turismo y retorno de la inversión. Por ejemplo, los Juegos de Barcelona 1992 se recuerdan como los más rentables de la historia y sirvieron para reorganizar urbanísticamente a la ciudad catalana. Pero en la mayoría de casos, no es este el resultado, sino al contrario: un impacto negativo, con pérdidas enormes, edificios fantasma y pobreza (véase Montreal 1976).

Los Juegos Olímpicos son uno de los acontecimientos deportivos más emocionantes por reunir a todos los países del mundo. Tanto es así que un granjero chino de 57 años llamado Chen Guanming ha cruzado 16 países y recorrido más de 60.000 kilómetros en bicicleta para poder vivir la ceremonia de apertura en Londres. Y aunque por unos días servirá para alejar las constantes precipitaciones económicas que caen sobre España y muchos otros países de la eurozona, no hay duda de que suponen un enorme y sorprendente gasto económico que choca con la crítica situación que viven miles de familias.

A pesar de ese alto costo que tan bien muestra la ciudad anfitriona de Londres, la candidatura de Madrid 2020 parece no asustarse y sigue intentándolo por tercera vez consecutiva en medio de una lluviosa recesión. La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, y el presidente del COE, Alejandro Blanco, insisten en que este proyecto “unirá a España y la regenerará económicamente”. “Son unos Juegos con unas necesidades reducidas de inversión porque ya tenemos la mayor parte de las infraestructuras construidas. Haremos un uso racional de los recursos y generaremos riqueza e ilusión”, ha alegado la alcaldesa durante estos últimos meses. Pero presentarse a la candidatura del concurso cuesta 400.000 euros y publicitarla 22 millones de euros, (la mitad será financiado con dinero privado), entre los gastos que supondrá preparar unos Juegos Olímpicos. Parece que lejana y oculta ha quedado la filosofía y pasión por el deporte del Barón Pierre de Fredy: “favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana”.

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Sobre El Ideario Reportajes

El Ideario Reportajes Bajo la firma de El Ideario Reportajes hay Janira Gómez y David Muñoz, dos periodistas a falta de título inquietos, emprendedores y complementarios. Son los fundadores de elideario.com. Preparan los reportajes propios, las reflexiones y procuran (a veces sin éxito) que la web funcione. Su lema: en busca de la esencia periodística. Su filosofía: sembrar para recoger. En beta constante. Twitter