Son tiempos desconcertantes a nivel español y europeo. Ha estallado la famosa burbuja inmobiliaria y sus restos han caído desparramados sobre la ciudadanía. En las calles, se defiende la supervivencia de los derechos sociales y laborales, mientras parece que la burbuja política también está a punto de estallar por descrédito a la soberanía. Pero además de estas, existe otra burbuja que nos une y que algún día puede llegar a explotar. Está en crisis. No la vemos ni la tocamos pero está presente todos los días de nuestra vida en la Tierra. El cambio climático, la contaminación de las aguas, los residuos tóxicos que se deslizan por el aire… Son algunos de los daños irreparables de una burbuja ambiental que está en riesgo debido especialmente a la acción humana y al consumismo. “Si continuamos viviendo por encima de los límites de la Tierra –según el periodista Alok Jha, experto en ciencia y tecnología- para el año 2030 necesitaremos los recursos de dos Tierras para satisfacer la demanda anual”. ¿Nuestro planeta ya no da para más?

 

Por Janira Gómez y David Muñoz

 

Mira arriba, al norte. El Ártico. Esta área del planeta, en la que habitan osos polares, morsas y pueblos indígenas, estabiliza nuestro clima gracias al reflejo de los rayos del sol en su hielo. Este calor enviado hacia el espacio permite mantener fresca la Tierra y dar estabilidad a nuestros ecosistemas. No obstante, por primera vez este hielo de más de 800.000 años se está derritiendo muy rápido por el uso de energías fósiles sucias y el calentamiento global. La compañía de hidrocarburos Royal Dutch Shell quiere aprovechar el deshielo para extraer petróleo sin importarle este rincón virgen ni las especies que lo habitan. Tan sólo cubriría la demanda global de 3 años. Desde hace un par de meses, activistas de Greenpeace intentan frenar los planes de Shell.

Vayamos al este, a Japón. Fukushima. Año y medio después del accidente nuclear de la central de Fukushima, el terremoto y el tsunami que arrasó con la costa japonesa, la contaminación radioactiva no deja de aumentar y se está propagando por el Pacífico.

Al sudoeste, entre Perú y Bolivia. Durante más de 20 años, el lago Titicaca, uno de los lagos más altos del mundo, y sus afluentes los ríos Ramis y Suches, han sufrido una grave contaminación producida por la actividad minera de la zona. Metales pesados, sustancias tóxicas como mercurio y cianuro han navegado durante todo este tiempo afectando el agua, la agricultura y la ganadería de los pobladores. Ahora, expertos del Proyecto Especial Lago Titicaca (PELT) han recibido diez millones de nuevos soles del gobierno peruano para remediarlo.

África, la cuna del mundo, se ha convertido en el contenedor de la basura electrónica de países como Alemania o Estados Unidos. Estos desechos formados por sustancias tóxicas (plomo, arsénico, furano, cadmio) envenenan cada año a miles de niños que buscan entre los basurales metal para vender. Lo queman y, en consecuencia, inhalan metales pesados y humos cancerígenos. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en África Occidental se generan un millón de toneladas de estos residuos tecnológicos cada año.

Y en Europa, Bruselas vigila a Madrid por incumplir los índices legales de contaminación atmosférica. La mala calidad del aire de la ciudad afecta directamente a la salud de la población.

 

Una política ambiental internacional poco efectiva

En los últimos 40 años, la ONU ha organizado 4 Cumbres de la Tierra para abordar la problemática del medio ambiente. La última se celebró en junio de este año en Brasil, la Río +20, y fue un fracaso, según las organizaciones ambientales. Los 193 países participantes apenas reafirmaron cosas ya dichas en anteriores reuniones y no elaboraron ningún plan de acción efectivo. Simplemente redactaron un documento final de 49 páginas, titulado “El futuro que queremos” y repleto de generalidades. Jim Leape, director general de la ONG ecologista WWF, fue muy crítico: “Una madrugada de negociaciones para que los diplomáticos acaben decepcionando al mundo. Deberían sentir verguenza de su incapacidad para alcanzar un acuerdo en un asunto tan crucial”.

Las anteriores cumbres fueron más productivas. La primera, convocada en Estocolmo en 1972, supuso un punto de inflexión para la política ambiental internacional, pues nunca antes hubo una conferencia de ese tipo. Por aquél entonces ya preocupaba el tema. Se reunieron 113 paises, 19 organismos gubernamentales y otras tantas ONG’s. Entonces declararon 27 principios sobre el medio ambiente y 109 recomendaciones.

20 años más tarde, en 1992 se celebró la segunda Cumbre, en Rio de Janeiro, dedicada principalmente al desarrollo sostenible. Este concepto, hoy tan en boga, aparecía por primera vez. “Para alcanzar el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente debe ser parte del proceso de desarrollo y no puede considerarse por separado”, rezaba el cuarto principio de la Declaración de Río. La Agenda 21, una estrategia global basada en la sostenibilidad medioambiental, la justicia social y el equilibrio económico, fue la medida más destacada de esta conferencia. 172 países se suscribieron a este plan que engloba temas como la protección de la atmósfera, la repartición de recursos, la lucha contra la deforestación…

En 2002 Johannesburgo albergó la tercera Cumbre de la Tierra para el desarrollo sostenible. Sirvió para hacer un balance de la anterior conferencia y para abordar temas tan importantes como el acceso al agua, la producción agrícola, la erradicación de la pobreza o la biodiversidad. El evento costó 80 millones de euros, 33 que pagó Sudáfrica y 47 Naciones Unidas.

Por lo que a medio ambiente se refiere, 2012 habrá sido un año importante. Por la Cumbre Río +20 y por el final del Protocolo de Kioto, el acuerdo internacional para reducir, entre 2008 y 2012, las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático, respecto a las emisiones registradas en el año 1990. Dicho protocolo fue adoptado en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en Kioto (Japón) en 1997. Sin embargo, no entró en vigor hasta 2005 y, como ya es sabido, EE.UU no lo firmó, siendo el mayor emisor de gases contaminantes del mundo. La Unión Europea se comprometió a reducir las emisiones en un 8% calculando la media de todos los países. A cada país se le asignó un porcentaje determinado, en función de sus emisiones hasta la fecha. España tiene +15%. Es decir, que respecto a las emisiones de 1990, en 2012 puede ampliarlas hasta un 15% más, para cumplir el protocolo. Hasta 2010 España había alcanzado un +23’98% (ver imagen).

Contaminar o hacerle perder el equilibrio a la Tierra

Dependemos de la naturaleza para nuestra agricultura, ganadería y recursos minerales. La Revolución Industrial permitió al ser humano poner en funcionamiento máquinas más eficaces para aprovechar esos recursos con facilidad y rapidez. Pero la naturaleza no es una fuente ilimitada. Estamos alterando de manera nociva su estado a un ritmo frenético, es decir, la estamos deteriorando introduciendo agentes contaminantes. La contaminación atmosférica causa un gran daño al medio ambiente y la muerte prematura de 2,3 millones de personas en el mundo según la Organización Meteorológica Mundial. Un estudio de la Unión Europa prevé que para 2050 haya un mayor deterioro del aire. Sus enemigos más problemáticos son el dióxido de carbono (CO2), de nitrógeno (NO2) y el ozono (O3). Esta contaminación se debe a los escapes de gases de los motores, a los aparatos domésticos y a las industrias. Asimismo, la contaminación de ríos, mares y lagos provoca la destrucción de la vida acuática. Tan sólo el 0,007% del agua que hay en la Tierra es potable y esa cifra se reduce año tras año debido a la contaminación.

Talamos bosques, ensuciamos el agua con vertidos tóxicos, generamos basura, fumamos y nos ponemos desodorante, gastamos petróleo, fumigamos y derrochamos energía produciendo frutas y verduras que no son de temporada. Contaminamos diariamente y el progreso tecnológico no ha hecho más que originar nuevas formas de contaminación y nuevos medios que contaminar. Este verano, un reportaje de The New York Times alertaba sobre el uso del aire acondicionado en los hogares de China e India. Según el diario norteamericano, a este paso, hacia 2050 un 27% del calentamiento del planeta provendrá de los gases que desprenden hacia la capa de ozono estos aparatos. Y, por si fuera poco, a estos tipos de polución se le suman la acústica, la nuclear y la tecnológica, entre muchas otras.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió en 2005 que para reparar estos daños no son suficientes las acciones ciudadanas a pequeña escala. Aunque ayudan a disminuir la contaminación, quienes deben intervenir en este problema son las autoridades, las cuales deben tomar medidas conjuntas respecto a las emisiones contaminantes. Todos los seres humanos degradamos nuestro entorno de muchas formas. Desde los ciudadanos de Perú hasta los de la India, desde los de Estados Unidos hasta los de Australia. Aún así, hay países y poblaciones que producen un mayor impacto en la naturaleza común. Entre ellos destacan Estados Unidos, China, Australia, Europa, Rusia, Japón y Canadá; la mayoría, grandes potencias. ”A los países con niveles menores de consumo –sobre todo los países en vías de desarrollo- les encantaría alcanzar el estilo de vida del norteamericano o británico. Pero esto pondría al mundo más allá del borde del colapso”, afirma Alok Jha, físico y periodista de The Guardian, en su libro: The Doomsday Handbook: 50 Ways to the End of the World (en español, 50 maneras de destruir el mundo).

 

La sociedad del consumo no puede crecer más

Desde los años setenta hasta hoy, la población mundial se ha multiplicado por dos. De 3’5 mil millones de personas a 7 mil millones. Por ello la demanda y el consumo de todo ha crecido: de comida, de tecnología, de transporte, de energía… El consumismo se ha disparado en una sociedad (la de los paises más desarrollados) ampliamente urbana caracterizada por “el que más tiene, más triunfa”. ¿Para que compartir el coche si podemos tener uno cada uno? ¿Para qué comprar la comida justa? ¿Para qué aguantar 5 años con el mismo móvil si cada temporada se renueva? El resultado es contaminación y escasez de recursos.  

Algunos expertos lo advierten. Hemos llegado al límite. En una de sus clases magistrales de economía, el profesor Arcadi Oliveres afirmaba: “Hasta 1986, todo lo que los humanos destruían se regeneraba un año después. A partir de ese momento ya no daba tiempo a reconstruir todo lo que un año antes había sido dañado. La Tierra regeneró en 2009 lo que los humanos habían destruido de enero a setiembre de 2008″.

Pues bien, en agosto de 2012 la humanidad ha agotado el presupuesto ambiental de todo el año. Hemos acabado con todos los recursos que el planeta puede proveer. Por tanto, estamos en déficit ambiental. Y eso también supone un problema económico porque los recursos no renovables, como el petróleo, cada vez serán más escasos y, por tanto, más caros.

Los recursos naturales y los creados por el hombre (agua limpia, aire puro, ecosistemas agrícolas…) se están agotando cada vez con más rapidez por la huella ecológica. Es decir, por el impacto de las personas sobre la Tierra con su actividad económica. La Tierra pide un respiro que la sociedad no está dispuesta a dar. Sin embargo, la naturaleza es más fuerte y pronto dirá basta. Entonces habrá llegado el día del juicio final del que habla el periodista Alok Jha en su libro.

 

En 2050 podría haber refugiados climáticos

La contaminación no entiende de fronteras y no afecta sólo a un país. Las consecuencias futuras serán generales. Nuestra contaminación produce el calentamiento global y el cambio climático, destruye los ecosistemas marinos y la capa de ozono, pero también nos engorda y enferma. La polución que producen compuestos químicos como los insecticidas, está asociada a un mayor riesgo de padecer infartos, problemas respiratorios, tumores, obesidad y diabetes. En el caso de la obesidad, algunos de nuestros contaminantes cotidianos se hacen pasar por hormonas que confunden al organismo y desencadenan desarreglos en el metabolismo. Del mismo modo ocurre con la diabetes. Magda Gasull, investigadora del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMM) de Barcelona, relaciona esta enfermedad con una acumulación de concentraciones contaminantes en el cuerpo humano.

En 2050, Alok Jha cree que podría haber refugiados climáticos y Miren Cajaraville, catedrática de biología celular de la UPV, afirma que esos desplazamientos podrían producirse también en el reino animal. “El cambio climático lo estamos provocando, sobre todo, los seres humanos con el aumento de CO2 en la atmósfera. Por el calentamiento global muchísimas especies están moviéndose del sur al norte”.

Y, asimismo, ¿cuánto gastamos para remediar todo esto? Este año en España, tan sólo descontaminar las balsas, limpiar las costas e indemnizar a los perjudicados en Galicia por el vertido de petróleo va a costar más de 100 millones de euros. Supone un gran derroche de dinero y un alto coste por la conservación de la naturaleza. El cambio climático sale y saldrá muy caro. Los ecologistas consideran que proteger en un futuro los ecosistemas costará más de 5.000 millones de euros.

 

¿Qué hacer para frenar esta destrucción?

En 1972 un equipo de trabajo del Massachusetts Institute of Technology (MIT) encabezado por la biofísica Donella Meadows elaboró un informe titulado “Los límites del crecimiento”. Por aquel entonces ya se advirtió que si la población mundial, la industrialización, la explotación de recursos naturales y la contaminación seguían creciendo de la manera que lo hacían, la Tierra se colapsaría en los próximos cien años. De poco sirvió el aviso. El informe se revisó en 1992 (20 años después) y en 2004 (32 años después), aportando datos actualizados y cada vez más alarmantes. Pero nada más. Ya es demasiado tarde. No hay vuelta atrás. Parece haber una única solución: decrecer.

Nicholás Georgescu-Roeagen es el padre de la corriente del decrecimiento. Un pensamiento contrario a la Sociedad del consumo que busca racionalizar la relación del humano con la naturaleza y disminuir la producción económica para conservar el medio ambiente, los recursos naturales, los ecosistemas, etc. Para el filósofo Serge Latouche, uno de los impulsores de la corriente, si no hay decrecimiento hay barbarie. Porque el capitalismo, si continuara funcionando como hasta ahora en una situación de escasez de recursos y de cambio climático, hundiría en la miseria a la gran mayoría para enriquecer a unos pocos. “El capitalismo recuperaría su lógica original: crecer a expensas de la sociedad”. El decrecimiento se fundamenta en las 8 R: reevaluar, reconceptualizar, reestructurar, relocalizar, redistribuir, reducir, reutilizar y reciclar.

¿Y qué podríamos empezar a hacer para encaminar este decrecimiento? Podríamos llenar las paredes de cultivos verticales para disminuir la contaminación, como proponen científicos del Reino Unido. O terminar con la obsolescencia programada disminuyendo la producción de aparatos tecnológicos y alargando su vida útil (aunque la industria de la tecnología lo impide). Podríamos adelgazar todos unos kilos para reducir ligeramente el cambio climático, como recoge este interesante artículo de Yorokobu. Hasta podríamos subir al Tibet y enlatar aire puro como hace el multimillonario chino Chen Guangbiao. Y un largo etcétera.

Cambio de chip. Ahorro energético. Energías renovables. Agricultura ecológica. Concienciación. Solidaridad. Son caminos que nos alejan de la destrucción del planeta. Senderos por los que debemos pasar si no queremos caer en el pozo. Obligaciones morales que debemos atender para garantizar que los que vendrán después tengan lo que nosotros hemos tenido. Sólo para ser justos con la naturaleza sin la cual no seríamos nada.

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Sobre El Ideario Reportajes

El Ideario Reportajes Bajo la firma de El Ideario Reportajes hay Janira Gómez y David Muñoz, dos periodistas a falta de título inquietos, emprendedores y complementarios. Son los fundadores de elideario.com. Preparan los reportajes propios, las reflexiones y procuran (a veces sin éxito) que la web funcione. Su lema: en busca de la esencia periodística. Su filosofía: sembrar para recoger. En beta constante. Twitter