Detrás de El Ideario hay (de momento) cuatro personas. David y Janira, dos periodistas sin título (está en camino) pero con espíritu crítico e iniciativa son los fundadores. Una mezcla de casualidad y destino los juntó el verano de 2010, cuando ambos decidieron estudiar periodismo. Ellos dos escriben los reportajes de la página e intentan (a veces sin éxito) que la web no falle. Para darle más vida a las historias llegó Rubén. Él es, a parte de estudiante de diseño, ilustrador y fotógrafo de El Ideario. En cada trabajo encontrarás su colorida imaginación y su huella personal. La última incorporación al proyecto viene de la iniciativa y amor por la escritura de Laura, también casi periodista y futura escritora. ¡Síguenos!

 

David Muñoz, conectado a la Red las 24 horas del día

Sí, me llamo igual que el cantante de Estopa. Tengo 21 años y pintas de guiri pero no lo soy. Nací en Menorca poco antes de las Olimpiadas de Barcelona. Soy impaciente, perfeccionista, observador y cumplidor. El pequeño de 6 hermanos. En el cole era de los que hacía los deberes y de los que escuchaba al profesor. O sea, era de los raros. De tremendamente tímido, con el paso del tiempo voy siendo cada vez más abierto. Sin embargo, aún me pongo nervioso por cualquier tontería. Por suerte, he aprendido a disimularlo. De mi padre he heredado la la impaciencia y la responsabilidad. De mi madre; los pies, el respeto y la lucha. La etapa de la ESO prefiero pasarla rápido. Borrón y cuenta nueva, diría aquél. De los pocos buenos recuerdos que tengo de esos años del pavo: las competiciones de billar y las amistades que hice. Los dos intensos años de bachillerato fueron un cambio importante en mi vida. Empecé a ser racional, a pensar y valorar las cosas. Al acabarlos tuve claro que quería seguir estudiando (en la universidad) a diferencia de mis hermanos, aún dejando mis aficiones (junto al billar, el fútbol). He tomado muchas decisiones importantes pero la que más, sin duda, fue el verano de 2010. Por elegir periodismo he encontrado a alguien tremendamente especial que me hace feliz cada día. Soy un gran afortunado por eso y por poder irme de vacaciones cada verano sin estar lejos de casa. En invierno vivo en Barcelona y en los meses estivales vuelvo a la mejor isla del mundo, Menorca.

Hasta terminar la Selectividad no supe con certeza que quería hacer periodismo. No lo tenia claro desde pequeño. Sin embargo, hoy puedo decir alto y claro que he acertado. Cada día me gusta más el oficio y lo encuentro más necesario. Aunque se vayan a la calle, por desgracia, cientos de periodistas cada año. Una democracia no funciona sin opinión pública libre y el periodismo es una de los grandes generadores de opinión pública. También tengo claro que el ciberperiodismo es lo mío. La pasión por lo digital me ha venido también en estos dos años de carrera y quiero, cuanto antes, adaptarme al máximo al medio porque es el presente y futuro. Por ello he leído mucho sobre Blogs, webs y medios digitales hasta montar uno propio, este que estás visitando ahora mismo, con las facilidades que da la plataforma WordPress. Antes ya había creado mi Blog: Periodisme Independent. De la parte más técnica de El Ideario me encargo yo aunque con Janira todos hacemos de todo.  Ah, mi otra gran pasión es la marca de la manzana. En ese sentido soy un poco friki de Apple. Siempre intento decir lo que el emprendedor Pau Garcia-Milá dijo en su primer libro: Todo está por hacer.

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Janira Gómez, creativa compulsiva 

Lo siento, yo no me llamo como el guitarrista de Estopa, pero a mis padres se les pasó por la cabeza llamarme Beverly en honor a la famosa serie Beverly Hills de los 90. Quizás fuera el calor del verano de 1992 o  la emoción de los Juegos Janira GómezOlímpicos de Barcelona los que les llevaran a esa fantástica idea. Por suerte, un diario que mencionaba mi nombre les hizo cambiar de parecer (mi primera deuda con los medios de comunicación). Tengo 21 años y nací en Sabadell. Soy sensible, friolera, curiosa, pienso mil veces las cosas antes de hacerlas y tengo una desbordante imaginación. Como David, ya en el cole se podía percibir mi interés por los estudios. Siempre con los deberes bien presentados, a colorines con pauta y mirando fijamente al profesor para no perder detalle. Cosa que no ha cambiado, no hay remedio. Sin embargo, ello no evitó que me castigaran disfrazándome de Pocahontas o esquimal durante los carnavales. Aun así a mis padres les debo todo lo que soy, son mis referentes y sinónimo de lucha.

Mi corazón se mueve entre Francia y Perú. El país de les croissants et brioches marcó mi adolescencia, me enseñó un nuevo idioma y otra forma de vida; el país andino corre por mis venas y es para mí un lugar sagrado. Escoger el camino humanístico de Bachillerato fue lanzarme a una agradable nube. Me mueve explicar historias, jugar con las palabras y vivir la esencia de las personas. Sí, el cine, la literatura y la temática social son los ingredientes que más me gustan saborear. Pero no fue hasta después de hacer la selectividad que descubrí que el horno en el que cocinar todas esas inquietudes era el periodismo. Te lo sugieren, lo intuyes, pero decidirse siempre es complicado. Estoy convencida de que AHORA es el mejor momento para esta profesión, para aprender y valorar que es un instrumento fundamental para cualquier sociedad. Me parece fascinante y cada día tengo más claro que este es el rumbo que quiero seguir.

Hace un par de meses, el pianista chino Lang Lang afirmó en La Contra de La Vanguardia que el gran peligro de la humanidad era dejar creer a los niños que las cosas suceden por sí solas, lo cual provoca que la mayoría no decida su propio destino. “Tienen que aprender que si dejas que la vida te pase sin querer, no te pasará lo que quieres”, decía Lang. Para mí El Ideario es la vía para hacer que las cosas sucedan y para creer en nosotros mismos. Es aquí donde me siento como en casa para disfrutar del periodismo.

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Rubén Morral, ilustrador de ilusiones

Me llamo Rubén, como el protagonista de la novela de Susanna Tamaro, La testa fra le nuvole. Lo cierto es que, con ese personaje, no sólo el nombre es lo que tenemos en común. Acabaría antes si digo que lo único que no compartimos es el color de pelo. Nunca he sido bueno en los estudios y siempre he andado en la luna, en las nubes y mirando moscas y musarañas. De pequeño prefería jugar con mi imaginación antes que con máquinas electrónicas, y mirar animales y plantas antes que la televisión. Esas circunstancias (creadas también por una familia poco convencional) ayudaron a que mi imaginación se desarrollara más de lo normal. Pensativo, melancólico, impulsivo (y admirador de lo racional), escrutador, inquieto, idealista y habitante del mundo.

Me gusta escribir y dibujar las historias que rondan mi cabeza, y fotografiar las que ya existen. Creo que la única forma de hacer reales las historias que imaginamos es explicándolas al mundo. Sueño con perderme por el planeta (y por qué no, por el Universo) y conocer las millones y millones de vidas que se dan simultáneamente en este espacio-tiempo en el que nos ha tocado vivir. También me gusta el cine. Conocer historias reales o ficticias, que al fin y al cabo te muestran una verdad. Como se dice en la película de Criadas y Señoras: “Dios dice que amemos a nuestros enemigos. Es muy difícil… pero se puede empezar contando la verdad”.

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Laura Quero, tras la palabra precisa

Fotografía LauraSoy Laura; Laura por un amor de infancia de mi padre. Odio el maquillaje y la gente que se aborrega; no salgo de casa sin música; da igual que madrugue, siempre me pillan las noches; me atropellan las páginas de mil libros por leer y cientos de líneas que he escrito en las esquinas de un papel… ¡Uf! Creo que optaré por el orden cronológico. Tal vez estas líneas cobren sentido.

Nací en una mediocre capital de comarca -Sabadell- donde aún, por desgracia, resido. Empecé a hablar muy temprano y con una claridad pasmosa, según dicen. Mis primeros pasos en la escuela fueron un tanto rocambolescos: no supe abrocharme los botones de la bata hasta bien entrado el parvulario y siempre acababa la última las tareas. Pero todo cambió cuando aprendí a leer y a escribir. Leer, escribir… para la mayoría es algo que sucede con la misma naturalidad con la que a uno se le caen los dientes alrededor de los 6 años; para mí supuso descubrir lo que me hace sentir viva.  A partir de ese momento, me embarqué en este largo viaje que es el intentar comprender lo que nos rodea para poder explicarlo después de la forma más bella. Mi primera creación fue un cuento ilustrado con acuarelas sobre papel cuadriculado y grapado por uno de los márgenes. A este le siguieron otros cuentos, algunos poemas y, sobre todo, narraciones… porque si hay algo que me gusta hacer, ese algo es narrar.

Vagué un año por el mundo de las ciencias en el bachillerato, del cual salí escopeteada y con  mis objetivos más que claros: lo mío eran las humanidades. Pero si mis amoríos académicos fueron turbulentos, el romance universitario fue digno de culebrón venezolano. Escogí Periodismo porque quería escribir y que me leyeran. Así me enrolé en una carrera en la que, lo que menos haces, es pensar y escribir (¡Gracias, Plan Bolonia!). Pasé una época de desmotivación y sequía creativa a la cual puse fin este curso, cuando inicié Estudios Literarios -una titulación neonata- para calmar mi sed de letras.

“¿Qué hace aquí esta, entonces?”, pensaréis. Y tenéis razón. La historia no puede terminar así, sería desmerecer a una profesión tan estimulante como es el periodismo, así como a una serie de profesores comprometidos cuyo trabajo admiro y admiraré siempre. Pues sí, aquí estoy. Me he decidido a unirme a mis compañeros de clase David y Janira (y a mi ex compañero Rubén, puesto que estudiamos bachillerato juntos) porque creo en la labor del periodismo. Sí, es cierto que está corrompido, que se prostituye al servicio de los poderes políticos y económicos, pero es precisamente por eso por lo que necesita cuidados intensivos. Estos cuidados no se encuentran en los grandes medios, sino que pasan por las manos guerreras de gente que cree que es posible cambiar las cosas. Tenemos la suerte o la desgracia de vivir una época convulsa que propicia ese cambio. Nosotros no vamos a darle la espalda… ¿y tú?

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