Se sienta. Pero es tan inquieta que al segundo comienza a sacar libros y libretas de su bolso. Se pone cómoda. Mas es caótica, ella misma lo admite: “No soy nada académica, soy caótica y os haré participar en mi caos. Ha sido mi forma de enfrentarme al periodismo y a la vida”. Lleva puesta una sonrisa continua que denota ingenio y acidez. Y es que es cítrica como un limón. Ríe pero no tiene inconvenientes en señalar seriamente todo lo que le parece injusto, todo aquél que le parece mediocre y falso. Es Maruja Torres, en esta ocasión, frente a futuros periodistas de la Facultad de Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona y no en el Líbano o el Panamá como en tiempos pasados. “Me llamo Maruja Torres, tengo 69 años y no estoy muerta, 48 de profesión y tengo muy ‘mala leche’”.

Maruja Torres. Ilustración de Rubén Morral Yepes (www.rubenmyblog.blogspot.com)

 

Por Janira Gómez

No importa si eres el decano de la facultad y estás haciendo un discurso para inaugurar el nuevo año académico. Ella saca la cámara, sonríe y te hace fotos. Porque sí. Te desarma hasta con flash. Tan sólo con eso se mete a todo el público estudiantil en el bolsillo. O a casi todo, porque le gusta la publicidad pero “si hay periodistas que sientan dar por bueno todo lo que ven” que se pasen a esta rama y que no hagan publicidad desde el periodismo afirma. Ya ves. En Barcelona o Israel, da igual. Es Maruja, la mujer en guerra sin domar. Novelista y periodista, premio Planeta y Nadal. La de la pluma afinada y precisa, la que pretende engancharte en cada una de sus palabras para desconcertarte con su rebeldía. Y vigila que te engancha si se te ocurre aburrir a cientos de jóvenes con el ya triturado e impersonal discurso del “son tiempos difíciles a causa de la crisis”. Y si además te deslizas por el tema de la independencia catalana… ¡flash! ¡flash! No se le escapa nada a través de su par de focos oscuros.

 

“Yo vi caer el muro de Berlín y no se me ocurrió ni coger una piedra. Fue cojonudo pero, mientras, Ronald Reagan y Margaret Thatcher estaban poniendo las bases del liberalismo de ultranza”. Meryl Streep tampoco se salva “esa película no me gusta…”. Maruja actúa con sentido del humor y, sobre todo, con una experiencia forjada a través de la escritura y la guerra. Muchos no sabrán dónde enmarcarla pero ella, y más ahora, sí sabe dónde enmarcar a Juan Luís Cebrían, consejero delegado del grupo PRISA y ejecutor del ERE de 138 periodistas de El País, su diario. “138 periodistas serán eliminados para ser substituidos por gente dócil y adaptada al sistema que será capaz de decir que sí a todo por 800 euros”. Para ella un retroceso de las libertades provocado por un Cebrián “codicioso y pijo” sin conciencia, “un cateto que como tiburón de las finanzas es una sardinilla”, el cual “nunca tragó no ser el hijo natural de Jesús de Polanco”. Voz afilada. “Lo que está haciendo parece que sea para salvar el periodismo y lo vende así y dice que ha cambiado de paradigma. No hombre no, el que ha cambiado de paradigma eres tú que ahora tienes un piso en Wall Street”. Y así en menos de tres minutos, Cebrían queda enmarcado por una Maruja que remueve siempre sinceridad. Los alumnos aplauden, información cristalina y sin rodeos, les gusta.

Maruja Torres tiene rabia tatuada por esa situación porque sabe de lo que habla, sabe que esos periodistas se opondrían a la visión general como ella hizo camuflada durante el franquismo junto con muchas otras voces cortantes y astutas. No escogió ser periodista porque fuera la bomba. “No hay profesión que decepcione más, pero no hay profesión que sea tan bonita”. Se ha formado con este oficio de servicio público y corre por sus venas, le frustra no encontrar gente en las redacciones que no sepa sacarle partido. Unas redacciones que se han llenado de “periodistas que quieren ser super jefes”, en las cuales no tiene lugar la justicia y prima un “entorno de peloterismo que ha llegado a un punto salvaje”, explica. Ella prefiere el oficio que hace las preguntas y que no se calla nada. “Romper el techo, meterles miedo”, recomienda a los estudiantes.

Maruja Torres, Facultad de Comunicación de la UAB

Porque “el periodista no está para ir con la Cruz Roja ni poner vendas ni dar la extremaunción, está para decir la verdad y eso significa contextualizar, recordar que existieron personajes como Reagan y Thatcher”. Punto álgido. Rompe el hielo, otra vez. “Aunque no lo parezca tengo unas notas escritas”, la nada fácil de matar desconcierta a los presentes y los sumerge en el Nilo como en su última novela. Rodeados de agua, teje un hilo discursivo tan intenso como ella, pero “es que son muchos años y muchas cosas por explicar”.

Memoria y esperanza. “Cuando pasas por el camino entre medio de una dictadura y una democracia hay cansancio. La gente quiere cosas nuevas no aguanta ni la palabra franquismo. Pero es un cierre en falso, sólo te das cuenta después cuando escarbas encuentras más mierda”. Maruja advierte y defiende no cerrar la herida. Se posiciona en el bando de los que señalan a los culpables sin frases hechas, buscando la excelencia. Porque “si el periodismo está mal es porque la sociedad está mal, es el reflejo”.

Se le escapan los minutos, se ríe. Sin embargo, no deja pasar el momento. Para Maruja no ha habido nada tan claro desde su tiempo como que la generación actual debe regenerar el periodismo y no ser esclavos de nadie: “formaros mucho para que cuando llegue vuestro momento barráis toda la mierda que dejamos”. Ha calado para bien o para mal en la mente de la nueva generación de comunicadores. No los ha dejado indiferentes al menos, a nadie deja indiferente. A pesar de que minutos antes haya recalcado que las facultades “no son agencias de trabajo”, que los máster sirven para gastarse el dinero y tener “a gente manejada en la redacción” y que “el problema de los profesores es que no trabajan en diarios”. El decano ya está impaciente por zanjar su exposición.

“¿Quieres que diga alguna cosa más?”. Es Maruja sin escaparate, es Maruja con entrañas. “La gente como yo ya no puede explicar lo que saben a los de la redacción, pero tenemos que estar ahí para pasar la antorcha, ¿no?”.

“Ya sabéis que preguntar es de periodistas. Yo no puedo moderar porque no soy moderada”. Es Maruja Torres, la periodista en guerra.

Sobre Janira Gómez

Janira Gómez Casi periodista de la cosecha UAB y mente inquieta. También soñadora y aprendiz del mundo. Aún no he descubierto realmente quién soy, pero sí lo que quiero hacer: pelearme con las palabras hasta que la más precisa quede en pie. De momento, soy cofundadora de elideario.com y #cultura #periodismo #social #viajes es lo que me interesa. Me podrás ver caminar en: Twitter Facebook Google Plus LinkedIn