Consumo colaborativo, ilustración de Rubén Morral Yepes (http://rubenmyblog.blogspot.com)

Consumo colaborativo, ilustración de Rubén Morral Yepes (http://rubenmyblog.blogspot.com)

Se cuestiona y se pone en duda al león dominante, el hiperconsumo. Un proceso social y económico, hijo del capitalismo, que se ha hecho legal y masivo en la vida de las personas por decisión de unos pocos. El consumo, esa acción de adquirir y gastar productos o servicios, se ha convertido en las últimas décadas en un nombre maléfico, abusivo y desenfrenado. Nos rodean precios, nos seducen productos que nos llaman a nutrir el estómago de la fiera, almacenamos objetos sin razón… para sustentarla más que para satisfacer nuestras necesidades. Poseer es lo que ha imperado hasta ahora. Sin embargo, en la actualidad este león está en los huesos; tiene hambre de consumo pero no los medios para acceder a él y alimentarse. Tal vez sea gracias a este esqueleto tambaleante, que una práctica tan antigua como la sal y que forma parte de todas las personas está resurgiendo de manera antagónica: el consumo colaborativo.

Por Janira Gómez y David Muñoz

El modelo de consumo colaborativo se basa en la filosofía del acceso y no de la propiedad. Se trata del tradicional préstamo, alquiler o intercambio adoptado al compartir recursos o servicios y el colaborar a través de plataformas sociales. A un lado quedan el “usar y tirar” o el “comprar por comprar”, este reinventado hábito de consumo ha chamuscado los bigotes de nuestro león. Durante el año 2012 esta tendencia ha explotado -es probable que ya haya leído sobre el tema en algún medio- de manera completa en ámbitos como el transporte, la ropa o el trabajo sustentándose en el convencimiento de que el hiperconsumo no da la felicidad, que una mejor gestión de los recursos es posible.

What's mine is yours, de Rachel Botsman y Roo RogersEl especialista en marketing y director de la consultoría Oxygen, Ray Algar, fue uno de los pioneros en dar en 2007 la bienvenida a la economía del compartir. No obstante, el término se popularizó en 2010 con el libro ‘What’s mine is yours: The rise of collaborative consumption’ de Rachel Botsman y Roo Rogers. Incluso la revista TIME hizo resucitar la idea en 2011 calificándola como “una de las ideas que cambiarían el mundo”. En España, animado por las palabras de Botsman y Rogers y por la idea de que “menos es suficiente”, fue Albert Cañigueral quien impulsó el movimiento a través de su blog en catalán. El ingeniero multimedia se dio cuenta que el dominio consumocolaborativo.com no estaba disponible porque lo había comprado Antonin Léonard, uno de los futuros fundadores de OuiShare, una comunidad de apasionados por la economía colaborativa. Como Léonard aún no había desarrollado la idea en español, Cañigueral le planteó encargarse de difundir el consumo colaborativo en España y trabajar, como no podía ser de otra manera, en colaboración con él. Y así fue cómo el catalán empezó a difundir información sobre esta renovada alternativa.

Y es que para Albert Cañigueral el consumo colaborativo ha vuelto de sus cenizas debido a: (1) la crisis económica, cada vez son más las personas que necesitan ahorrar, acceder a un bien u obtener dinero; y (2) gracias a Internet y al desarrollo de las nuevas tecnologías.

El Blog sobre consumo colaborativo en Español, de Albert Cañigueral

Considera que la palanca que acciona el mecanismo en un primer instante es la motivación económica. “La manera de combatir el individualismo y la escasa colaboración es ofrecer cosas más sencillas (ahorrar o ganar dinero), la parte ideológica no funciona por sí sola, la gente lo hará si le resulta conveniente”. Sin embargo, “en el momento que tienes las primeras experiencias colaborativas ya cambias la manera de pensar”, explica. Aunque, por encima del factor económico despunta la parte tecnológica. Wikipedia, Facebook o Spotify han provocado directamente el boom del compartir en Internet. Según Albert Cañigueral, estas plataformas y redes han motivado una concienciación social y de valores, han generado una relación de confianza entre usuarios que no para de crecer. De hecho, para él el consumo colaborativo “es la tercera onda de Internet: la gente se encuentra en Internet pero la acción pasa en el mundo real”.

El auge de espacios colaborativos online

Con el consumo colaborativo no se inventa nada, simplemente significa volver a lo que en esencia siempre ha existido: el compartir y racionalizar el consumo en función de las necesidades. Lo que realmente resulta una novedad es el poder de la Red para impulsar esta nueva economía. Las nuevas herramientas 2.0 han propiciado la proliferación de servicios y plataformas de todo tipo basadas en el consumo colaborativo y en la idea de compartir. A pequeña y a gran escala. Desde páginas de intercambio de objetos, libros o ropa de bebé con un territorio de actuación limitado como Trastus, hasta servicios más grandes como el líder en alojamiento Airbnb, plataformas que conectan a pasajeros con coches con asientos libres como Blablacar o el servicio de vídeo Wuaki.tv. No se trata de algo minoritario, este tipo de consumo alternativo está en todas partes y en diferentes formas. Algunos son gratuitos y otros pagando, pero en esencia muchos de los servicios que cada vez más usamos parten de este tipo de consumo.

“Donde se está viendo el cambio es en el transporte. Se venden muchos menos coches, la gente ya no los necesita, los comparte” – indica Albert Cañigueral.

En España destacan los espacios de trabajo compartidos. Aquí es donde hay más ‘coworkings’ per cápita. Además, también ha crecido en los últimos años la financiación colectiva – crowdfunding – gracias a plataformas como Goteo, Verkami o Lánzanos, y sobre todo al interés de muchos mecenas de colaborar en la financiación de proyectos de todo tipo.

Impacto del consumo colaborativo

Benita Matofska, fundadora de ‘People Who Share’ e impulsora de este consumo en Gran Bretaña, afirmó hace un mes para El Mundo que “la economía compartida mueve ya el equivalente a 490.000 millones de dólares a nivel global”. El auge de distintas plataformas evidencian el impacto real del consumo colaborativo en nuestra sociedad, una muestra de ello es que Airbnb generó en España el año pasado unos ingresos de 35 millones de euros. La dificultad está en medir la viabilidad y el éxito de todas ellas dentro de un marco capitalista.

Inversiones en empresas de consumo colaborativo en 2012. Recopilación de Albert Cañigueral

Inversiones en empresas de consumo colaborativo en 2012. Recopilación de Albert Cañigueral

Se puede medir a partir de inversiones, transacciones económicas, el impacto de los viajeros en zonas en las que se desplazan; pero también a partir de la reducción de emisiones de CO2 o el impacto social entre personas. Aunque, uno de los problemas es cómo medir los intercambios gratuitos que también son consumo colaborativo.

OuiShare, la comunidad creativa para la economía colaborativa

Con la semilla de Rachel Botsman y Roo Rogers, y los blogs de divulgación en francés, catalán y español, era hora de unir fuerzas. ¿Porqué no juntar todos los esfuerzos, recursos y conocimientos para intentar crear una comunidad, un movimiento sólido de economía colaborativa por toda Europa?, pensaron Antonin Léonard, Benjamin Tincq, Edwin Mootoosamy y Flore Berlingen. Así es como nació OuiShare, la comunidad creativa para la economía colaborativa, que a día de hoy ya cuenta con más de 300 “activistas” del consumo colaborativo. En un primer momento (principios de enero de 2012), la comunidad se creó en torno a un grupo de Facebook en el que se iban sumando colaboradores. A medida que la idea se hacía grande y crecía el interés de muchos, crearon la página web, ahora ya disponible en francés, ingles y español. Además, poco a poco se establecieron las conexiones de OuiShare en ciudades importantes de toda Europa: Roma, Múnich, Londres, Bretaña, Bruselas y Barcelona; siempre con una doble lógica: trabajar el Think Tank (análisis, previsiones y perspectivas) y el Do Tank (animación de las comunidades locales, presencia en medios, charlas, etc.).

Albert Cañigueral, además de importar el consumo colaborativo en España a través de su Blog, es el conector de OuiShare en la ciudad condal. Se ocupa de difundir el movimiento a través de los medios, de publicar artículos en la web y de organizar eventos y charlas sobre el consumo colaborativo. “Tenemos una estructura muy descentralizada y nos organizamos con grupos de Facebook cerrados por regiones”, asegura Albert, el cual ha aparecido en los últimos meses en numerosos medios de comunicación. Se muestra orgulloso: “La comunidad de gente apasionada por la economía colaborativa es nuestra razón de ser y estamos especialmente contentos de haber organizado en España cuatro ‘OuiShare Drinks’ (2 en Barcelona, 1 en Madrid y 1 en Bilbao), dos ‘OuiShare Talks’ con Joe Justice y Catarina Mota y una mesa redonda durante el SocialMediaWeek”.

Los creadores de OuiShare han conseguido crear una marca diferenciada del concepto de consumo colaborativo que, según ellos, abarca mucho más. No hablan solo de consumo, también de finanzas, de educación, de transporte colaborativo, de ocio, de turismo… Su objetivo es trabajar par acelerar el cambio hacia la economía colaborativa y para conectar ideas de emprendedores con instituciones y empresas, sin embargo “viven el día a día” sin una estrategia de futuro clara. Y es que todo es nuevo, hasta para ellos. De momento ya han conseguido crear una comunidad de periodistas, consultores, emprendedores, abogados, diseñadores y muchos otros perfiles, que crece día tras día.

 ¿Triunfará el consumo colaborativo?

“Nuestro sistema se basa en el afán de lucro y en la competencia como forma de actuar, en consecuencia esparce en masa valores como el egoísmo, la desconfianza o el individualismo”, advierte Christian Felber, uno de los impulsores de la llamada Economía del Bien Común. El sistema está pensado para crecer y crecer sin apenas pensar en la erosión que se produce por el camino: en la contaminación, en la escasez de recursos, en la destrucción del planeta. Serge Latouche, uno de los principales teóricos de la filosofía del decrecimiento, no podría ser más claro: “Si alguien aún cree en el crecimiento ilimitado, en una Tierra con recursos ilimitados, o está loco o es economista”. No exagera el que dice que este sistema se está autodestruyendo por su insostenibilidad, es por eso que, según Albert Cañigueral, “no es necesario luchar contra el hiperconsumo puesto que está agonizando”. Para el conector de OuiShare en España lo verdaderamente utópico es seguir manteniendo la sociedad del consumo capitalista, “el hiperconsumo se está cayendo”. Y cree que el consumo colaborativo triunfará por una simple razón: tiene sentido común.

En este escenario, el consumo colaborativo se erige como una opción de futuro más asequible y responsable. Algunos desconfían: argumentan que no existe ninguna regulación propia sobre este sistema, que las empresas de consumo colaborativo han de regularse por las mismas normas que el sistema tradicional. Sin embargo, otros creen que no debe regularse tanto sino que debe haber un cambio de mentalidad porque el hiperconsumo cae por el desagüe, nuestro león agoniza.

Un nuevo orden económico está surgiendo y este se basa en los mismos valores de las relaciones humanas. Un gran paraguas de este concepto lo muestra la Economía del Bien Común, ese modelo económico que pretende substituir los valores capitalistas como la competencia y el afán de lucro, por otros como la solidaridad y la cooperación. ¿Por qué debemos regirnos por indicadores tan poco sociales como el PIB? ¿Acaso hemos olvidado que somos personas? ¿Por qué ha de existir la necesidad de crecer y crecer porque sí?

Para Albert Cañigueral el consumo colaborativo no será el nuevo ni único sistema de consumo, pero sí una alternativa. Es todo un mundo nuevo, veremos cómo se desarrolla.

Sobre El Ideario Reportajes

El Ideario Reportajes Bajo la firma de El Ideario Reportajes hay Janira Gómez y David Muñoz, dos periodistas a falta de título inquietos, emprendedores y complementarios. Son los fundadores de elideario.com. Preparan los reportajes propios, las reflexiones y procuran (a veces sin éxito) que la web funcione. Su lema: en busca de la esencia periodística. Su filosofía: sembrar para recoger. En beta constante. Twitter